Menos Kilos, Más Kilómetros.

Por Una Noble Causa.

DIA 95 a 102 Navegando el Amazonas (Parte I)

julio 23, 2015

Atardecer en el rio amazonasSin duda alguna el tramo más duro de toda está E-114. Cuando tracé la ruta planifiqué dos tramos en agua obligatorios, el del Amazonas para llegar a Manaos y el de Colombia-Panamá para poder salvar el «Tapón del Darien» la zona más lluviosa del mundo, y pasar de la parte sur a la central del continente. Como las cosas pasan, el primer tramo en agua llegó mucho antes de lo esperado, el volcán Calbuco nos impidió el paso por Bariloche para cruzar la frontera entre Chile y Argentina y tuvimos que tomar el primer ferry de esta expedición. De el segundo hable en la crónica anterior  (Bahía de Sao Marcos e Sao Louis Br.)y hace una semana tuve que tomar el tercero… lo único en común entre los tres, que íbamos sobre el agua.

Al realizar la investigación habitual sobre el recorrido, leí mucho de lo que la gente describía sobre el pasó desde Belén hasta Manaos, como un viaje aburrido, nada interesante, viendo agua color del lodo y paisajes monótonos; una trayecto destinado para aquellos que disfrutaran de los mosquitos y del no bañarse. La verdad es que no puedo decir que todo es mentira, el «ferry» o «cruceiro» era más bien un planchón de carga en el que tuve que vivir bajo condiciones que no experimentaba desde mis últimos días de viajero joven. Sin embargo, este Río tiene una dimensión especial y no lo digo solo por su tamaño. Hay que saber encontrarle el «duende lindo» que esconde en cada recodo. Hay que invadir su intimidad desde la distancia. Como diría mi gran amiga Nuria Elvira Losada «Te enseña, a orar, a ayunar, a esperar». Me regaló muchas cosas, entre ellas los mejores 5 atardeceres (de 7 posibles) que he visto en todo este viaje (los otros dos el cielo no quiso ceder a las pretensiones de este aprendiz de fotógrafo y su Canon EOS 60 D).

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Pero déjenme contarles cómo comenzó todo: Como ya saben, el presupuesto cada vez es más ajustado, así que en lo que llegué a Belén (una ciudad de paso en este camino) me dediqué a buscar las mejores opciones para poder ir hasta Manaos. Después de un par de vueltas encontré un sitio llamada Pasarao y fue ahí donde realmente comenzó este duro recorrido.

Tomé el paquete más económico que encontré para viajar junto con el carro, simplemente me dijeron: «Usted y el auto, vale el pasaje 1250 reales, tiene desayuno, almuerzo y cena durante todos los días que esté en la travesía»… y yo dije: «¡Ah, perfecto! Todo lo que necesito». Me citaron a las 4:00 pm del mismo día… pero realmente logré montar el carro a eso de las 10 u 11 de la noche, dándome así el primer indicio de que sería un viaje acontecido; salimos al siguiente día mientras arreglaban una turbina del empujador.

Renault en el amazonas

Una vez que el carro está arriba no lo podía creer… dos planchones, de aproximadamente 100 m. de largo cada uno, que llevaban solamente camiones y containers de arrastre de los que llevan las gandolas y, pues nada, el carro quedó metido ahí, en el medio de ese camionerío; pero ojalá eso hubiese sido lo principal de la noche, la guinda de la espera llegó cuando pregunte dónde iba a dormir y sencillamente me dijeron: «le toca dormir dentro de su carro»… Así que nada, esa fue mi suite durante cada noche.

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Todo eran los dos planchones y un empujador que tenía dos baños no muy católicos y una cocina con una mini mesa. Ahí estaba yo, en ese «ferry-balsa» como lo llaman aquí en Brasil, 8 días… 7 noches viajando.

Continúa en el siguiente post…